02 junio 2008

Huida del machismo y la represión

La legalización del matrimonio entre gays y la permisividad de Chueca atraen a la capital a extranjeros perseguidos por su orientación sexual

El día que Patricia, una transexual mexicana de 36 años, pisó la casa de sus padres por primera vez como mujer -"con busto, mechas rubias y maquillada"- su padre se plantó en la puerta y ya no la dejó entrar más. "Me avergüenzo de ti. Para mí, mi hijo está muerto", le espetó, y prohibió a su madre que tuviera más trato con ella. Esa puerta se le cerró, pero también la del resto de la sociedad: al poco tiempo, unos encapuchados la apalearon por ser transexual.

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Patricia es el nombre que ha elegido la protagonista de esta historia para no ser identificada. La razón es que todavía ejerce la prostitución para ganarse la vida. Llegó hace dos años de México, donde su vida corría peligro. "El machismo en mi país es el número uno", afirma. "Y en mi provincia hay crimen organizado. A las chicas transexuales, las matan. Haces la prostitución porque no te queda otra".

Por eso, decidió viajar a España, donde hace un año solicitó lo que se conoce ya como el "asilo sexual". Cada vez hay más transexuales como ella, pero también gays y lesbianas, que, perseguidos en sus países por su orientación sexual, viajan a Madrid, atraídos por la supuesta apertura de sus habitantes, el barrio de Chueca y por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Lo explica Manuel Ródenas, abogado del Programa de Información y Atención a Homosexuales y Transexuales de la Comunidad de Madrid. Desde que este servicio abrió en 2002 ha tramitado unas 100 solicitudes de asilo por esta causa. "La visibilidad homosexual y transexual en Madrid y España ha atraído a mucha gente. Todavía está perseguida por la ley en 83 países y, en otros muchos, por la sociedad", explica Ródenas. "Obtener el asilo es muy complicado, porque hay un cupo que no sobrepasa cada año el 4% de todos los solicitantes", explica.

La Oficina de Asilo y Refugio, que depende del Ministerio de Interior, concedió en 2007 para toda España 570 peticiones de asilo y de protección subsidiaria (cuando no se obtiene la categoría de refugiado). Sólo ocho de los estatutos aprobados eran por asilo sexual.

"El Estatuto del Refugiado reconoce la persecución por pertenencia a un grupo social en razón de su orientación sexual", explica una portavoz de Interior. Pero eso no significa que automáticamente se reconozca este derecho a quienes lo solicitan. "Se concede siempre que las condiciones de su país determinen que tiene que salir y necesita protección porque está en peligro su vida o su integridad física", precisa la portavoz.

Por eso, según Ródenas, estos solicitantes quedan en una especie de "limbo jurídico", en el que dependen de la persona que estudie su expediente para que les sea autorizado. Una tramitación de asilo implica en este caso un estudio técnico en el que se comprueban las razones objetivas de persecución en cada país, lo que puede derivar en años de espera -de dos a tres- hasta la resolución, que hace una comisión.

Cuba, Venezuela y Ecuador son los países de procedencia de la mayoría de los demandantes. "Apenas se está hablando de ello, pero Chaves no es muy proclive a los homosexuales. Se les identifica con quienes tenían comercios en Venezuela, y es común que reciban insultos como 'maricón burgués", añade el abogado del programa regional.

Patricia ya tiene su petición admitida a trámite. Está a la espera de una resolución favorable. Luego, piensa cambiar de trabajo.

 

De culpable a víctima

Son las siete de la tarde de un martes y el timbre de la puerta no deja de sonar. Un antiguo piso, muy cerca de Chueca, en el número 16 de la Gran Vía, acoge una experiencia que es difícil asociar al Gobierno popular de Esperanza Aguirre en la región. Allí está ubicado el Programa de Atención a Homosexuales y Transexuales de la Comunidad de Madrid (proghomtrans@yahoo.es; 900 720 569) desde hace casi seis años.

Este programa ofrece un servicio multidisciplinar, con atención social, psicológica, asesoría jurídica y ayuda en general para ese colectivo. El año pasado atendió a 722 personas.

A media tarde llegan los asistentes a uno de los grupos de apoyo, el de autoaceptación de hombres. "Vine porque tenía una ansiedad tan terrible que en la oficina me desplomé". Quien habla es Ángel (todos los nombres son supuestos), que está casado y tiene hijos. "En mi familia nunca se ha hablado de esto, ni con el pensamiento". Hace dos años que sigue esta terapia y a veces se frustra porque otros más jóvenes progresan a mayor velocidad que él.

Uno de sus compañeros, de origen latinoamericano, relata que el trabajo que hacen es "sigiloso" y, sobre todo, "interior". Él lleva tres años y medio viviendo en España: "En mi país sentía que merecía la forma en que me trataban. He pasado de sentirme culpable a sentirme víctima, pero sin rencores". Como Ángel, somatizaba la ansiedad de ocultar su condición: "Estaba permanentemente mareado, tenía problemas para respirar, aún duermo mal y soy hipocondriaco", señala.

Juan Peris es el psicólogo que se encarga de tratar al grupo. "Intentamos que éste sea un espacio donde se pueda hablar, compartir experiencias y no dejarlo solamente para las barras de ambiente", explica. "Desde el primer día, tratamos de decir: 'Estás en tu casa. Cuéntanos tu historia".

El pais

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